Inspiracion
Invitaciones digitales: preguntas frecuentes que importan
Una invitación digital es una página web de tu evento: se abre con un enlace, el invitado confirma desde el móvil y cambiar la hora no obliga a reenviar nada.
Send The Joy · 8 de octubre de 2026 · 3 min de lectura

Son las once y cuarto de la noche del jueves. Tu prima te escribe: «¿Al final cenamos a las nueve o a las ocho y media?». Abres el editor en el móvil, cambias la hora, le das a publicar y le contestas con el mismo enlace de siempre. Nadie tiene que reimprimir nada ni avisar a cuarenta personas una por una. Así funcionan las invitaciones digitales: sin drama y sin papel.
Si te estás planteando mandar un enlace en vez de un sobre, estas son las preguntas frecuentes que salen de verdad: qué es una invitación digital, cuánto cuesta, cómo se confirma y qué pasa si algo cambia a última hora.
Invitaciones digitales: qué son y qué no
No es un PDF con música ni una imagen que circula por WhatsApp. Es una página web propia de tu evento: se abre con un enlace, un QR o un mensaje, y el invitado responde desde el móvil sin instalar ninguna aplicación. Si tu tía pregunta «¿y si no tengo la aplicación?», la respuesta cabe en una frase: abre el navegador, igual que cuando mira el tiempo.
- Es 100% digital: no imprime ni envía papel, así que no hay sobres ni sellos que contar.
- El invitado solo necesita un móvil, una tablet o un ordenador con conexión.
- Puedes filtrar la colección por estilo para elegir el diseño antes de tocar nada.
- Si alguien quiere guardar algo en papel, lo sensato es enlace para todos y unas pocas copias impresas para quien las vaya a conservar.
Cuánto cuesta: 29,99 euros una vez, no cada mes
El precio es 29,99 euros por invitación y se paga una sola vez. No hay cuota mensual ni un plan que caduque a los treinta días.
Antes de pagar puedes probarlo gratis: en modo prueba se edita la portada sin coste. Al comprar se desbloquean todas las escenas, de «Umbral de cal» a «Último baile», además de la música, las preguntas de confirmación, hasta seis fotos propias y el contenido en los siete idiomas de la web, que se configura por idioma. Si tienes invitados en Francia y en Italia, cada uno lee la suya en el suyo. La duda real casi nunca es el precio: es comparar con 120 tarjetas, 120 sellos y dos tardes metiendo sobres en un bolso.

Una invitación digital no es más bonita que un sobre: es la que puedes cambiar el jueves por la noche sin gastarte un euro más.
El RSVP: las respuestas en una lista, no en cuarenta chats
Las confirmaciones llegan dentro de la propia invitación, en una lista ordenada, y las preguntas del formulario se configuran a tu gusto. Si vas a usar el RSVP para contar cabezas, define dos o tres preguntas que de verdad vayas a leer. Lo que no hace, y conviene decirlo: no recoge menús, alergias, intolerancias ni cunas, y no manda recordatorios automáticos por email o WhatsApp a quien no ha respondido. A ese se le escribe a mano, como se ha hecho siempre.
Cambiar la hora no obliga a reenviar nada
El enlace es siempre el mismo. Si la cena pasa de las 21:00 a las 20:30, el invitado ve la versión actualizada sin que escribas un solo mensaje, y lo mismo da si cambias el lugar, el mapa o la frase final. Si alguien no usa smartphone, llévale una copia impresa el día que lo veas. Y si tu duda era «¿esto se entiende?», ábrela y mírala como la verá tu invitado: elige un diseño, pruébalo gratis y decide después de verlo funcionando.



