Bodas
Invitaciones de boda con menú a elegir: guía sin caos
El menú se pide antes de repartir mesas y se decide desde el móvil. Así pides carne o pescado en la propia invitación y recibes cada respuesta con nombre y apellido.
Send The Joy · 3 de octubre de 2026 · 3 min de lectura

Es jueves, quedan tres semanas para el banquete y el maître te escribe: quiere el recuento, cuántos de carne y cuántos de pescado. Y ahí empieza el lío de las invitaciones de boda con menú a elegir: abres el chat de la boda y hay cuarenta mensajes, tres fotos de cartas de restaurante y una libreta con nombres tachados. El dato está ahí, pero repartido.
El menú se pregunta una sola vez y en el mismo sitio donde se confirma la asistencia. Si lo dejas en un 'ya preguntaré por WhatsApp en junio', acabas contando a mano y llamando a quien no contestó, uno por uno.
El menú se decide antes que el número de mesas
El banquete no quiere una conversación, quiere un número. Y ese número sale de las respuestas que ya tienes guardadas, no de una charla de sobremesa. Por eso la pregunta del menú va dentro de la confirmación, con su fecha límite escrita al lado.
- Pon la fecha en el propio texto: 'decidme el menú antes del viernes 15'. La gente responde cuando tiene delante el día exacto.
- Escribe los platos con su nombre real: 'solomillo al Pedro Ximénez o lubina a la sal'. 'Opción A' y 'opción B' obligan a elegir a ciegas.
- Coloca la pregunta justo debajo del '¿Vienes?'. Al final del texto, media lista se la salta.
- Si el menú es único, escribe los platos en la escena de la cena y no añadas ninguna casilla: entrante de jamón, lubina a la sal y tarta de queso.
Invitaciones de boda con menú a elegir: una pregunta y dos casillas
Las preguntas del formulario de confirmación se configuran, así que la del menú la escribes tú, con el texto que quieras. Las respuestas caen dentro de la misma invitación, en una lista ordenada: ves el nombre y su elección en la misma pantalla, no repartidos entre WhatsApp, correo y llamadas de última hora.
Con dos opciones basta. Ejemplo útil: '¿Solomillo o lubina?', corto y con las dos respuestas ya escritas. Si planteas cinco alternativas, media lista contesta a la primera línea y se olvida del resto. Y lo que no encaja en ninguna casilla lo apuntas aparte: eso se resuelve con una llamada al banquete, no con una tercera pregunta.

Una pregunta con dos casillas te ahorra cuarenta mensajes en el grupo de la boda.
Cambiar el menú el martes no obliga a reenviar nada
El lunes tu tía te dice que no come pescado; el martes entras en el editor, cambias su opción y ya está. El enlace es el mismo de siempre y los invitados ven la versión actualizada. Cambiar platos, hora o lugar no obliga a reimprimir ni a volver a enviar sobres. Eso sí: nadie te avisa solo. Si un cambio afecta a una persona concreta, escríbele tú, que la lista te dice a quién.
Lo que el enlace resuelve y lo que no
No imprime ni envía papel. Si tu abuela guarda las invitaciones en un cajón, combina: enlace para todos y unas pocas copias impresas para quien las vaya a conservar. Y todos los invitados necesitan un móvil, una tablet o un ordenador con conexión.
El menú es la primera decisión logística de la boda y también la primera que se pierde en un chat. Monta la pregunta en tu invitación esta tarde: prueba un diseño gratis, escribe los platos con su nombre y publica. Cuando llegue la fecha límite, el recuento lo tienes delante, con nombre y apellido.



