Aniversarios
Bodas de porcelana: invitaciones para 20 años de boda
Qué se dice y qué se deja fuera en una invitación de bodas de porcelana: la lista corta, el texto, el código de vestimenta y cómo lo resuelve un enlace.
Send The Joy · 3 de octubre de 2026 · 3 min de lectura

En el armario de arriba está la vajilla buena, la que solo sale cuando viene alguien a comer. En el calendario, una fecha que cumple veinte años. Y ahora toca avisar a la gente que ha estado ahí todo ese tiempo. Las invitaciones de bodas de porcelana piden una cosa muy concreta: saber a quién sientas a la mesa y con qué palabras.
No es una boda. No hay doscientos cubiertos ni un banquete que organizar. Hay una mesa larga, caras que conocéis de sobra y una etiqueta que se nota en los detalles pequeños, no en el protocolo. Por eso conviene decidir la lista y el texto antes de elegir el diseño.
Bodas de porcelana: veinte años y una lista corta
En la tradición francesa el vigésimo aniversario son las noces de porcelaine. Es un material de vitrina: se guarda y se saca solo en las ocasiones que importan, como la fecha que celebráis. Eso marca el tono. Aquí no se invita a la lista del día de la boda, se invita a quien ha estado ahí durante estos veinte años. La lista corta no es falta de etiqueta, es la etiqueta.
- Quien sabría decir el nombre de vuestros hijos, entra. Quien no os ha escrito en cinco años, se queda fuera sin dramas.
- Los testigos de la boda original se sientan cerca de vosotros. En Francia siguen siendo les témoins y la etiqueta lo nota.
- A la familia política y a los compañeros se les invita como pareja y con el tratamiento correcto: Monsieur et Madame y el apellido, sin abreviar.
- Si dudáis con alguien, preguntad si os apetece verle esa noche. La respuesta es la lista.
El texto de la invitación: qué poner y qué dejar fuera
Los datos que no pueden faltar: los nombres de los anfitriones, la fecha con la hora exacta, el lugar con su dirección y el motivo escrito con claridad: «nuestros 20 años de boda». Y una regla que se salta mucha gente: nunca dejéis la fecha en el aire. «La última semana de junio» obliga a todo el mundo a escribir para preguntar. «Sábado 14 de junio, 20:30» no.
El código de vestimenta se resuelve con una palabra: chic. Un «ven como quieras» deja a la mitad de los invitados en zapatillas delante de la porcelana. Con los regalos, lo mismo: si no hay lista, decidlo. En un veinte aniversario, «vuestra presencia es el regalo» cierra el tema mejor que un enlace a una tienda.

La etiqueta no la hace el sobre: la hacen los nombres bien escritos, la hora exacta y una confirmación que nadie tiene que perseguir.
Del sobre al enlace: la etiqueta también es logística
Lo que rompe la etiqueta no es el formato, es la prisa. Mandad la invitación con tres o cuatro semanas de antelación, no la víspera. Con el enlace, las confirmaciones llegan dentro de la propia invitación, en una lista ordenada, y no hay que ir detrás de nadie por WhatsApp. Si un invitado mayor no usa móvil, imprimidle su copia y llevádsela en mano; el enlace sigue valiendo para el resto.
Una invitación no es solo el aviso: es también lo que queda. El enlace sigue vivo después del día, con vuestras fotos dentro, y se puede editar cuando haga falta. Podéis probar el diseño gratis, escribir los veinte años con calma y publicarlo por 29,99 EUR con un pago único. Sin suscripción y sin reimprimir nada.



