Bodas
Invitaciones de boda: alergias alimentarias sin interrogar
Preguntar por alergias en tu boda no tiene por qué parecer un formulario médico. Aquí van las frases, el momento y dónde escribirlo para que nadie se sienta examinado.
Send The Joy · 8 de octubre de 2026 · 3 min de lectura

Faltan dos semanas y escribes en el grupo de la boda: «¿alguien tiene alguna alergia?». El chat se llena de «vale» y de stickers. Uno de esos «vale» es de la tía que no toma lactosa. Tú no lo sabes, cocina tampoco, y el sábado esa persona mira el plato y decide si come o no.
No fallan tus invitados; falla la pregunta. «¿Tienes alguna alergia?» suena a consulta médica y nadie quiere contar su historial en un grupo. Se arregla cambiando tres cosas: dónde la pones, con qué palabras y en qué momento la lanzas. Lo demás viene solo.
Invitaciones de boda con alergias alimentarias: la pregunta va con el menú
No pongas la pregunta en el bloque de la fecha y el lugar. Ponla justo debajo del menú, con el entrante, el principal y el postre a la vista: así el invitado piensa en el plato y no en su historial. Y cambia las palabras. «¿Hay algo que no puedas comer? Lo dejamos resuelto con cocina» abre la puerta; «¿tienes alguna alergia?» la cierra. La primera suena a invitación, la segunda a trámite.
- «¿Hay algo que no puedas comer? Lo hablamos con cocina y te lo dejamos listo.»
- «Si no nos dices nada, contamos con que comes de todo.»
- «Dinos solo el plato: sin gluten, sin lactosa o sin frutos secos.»
- «¿Algo distinto para los niños que se sientan contigo?»
Cuando tu invitado no lee tu idioma
Si tienes familia fuera, configura la invitación por idioma. La web está en español, inglés, catalán, francés, italiano, portugués y alemán, y el contenido de la invitación también se puede configurar en varios idiomas. Traduce la frase, no solo el botón: «¿algo que no puedas comer?» se entiende mucho mejor que una traducción literal de «alergias alimentarias».
Pide el plato, no el diagnóstico
«Sin gluten» le sirve a cocina. «Celiaquía grado 3» no cambia el plato y obliga a alguien a contar su vida en un formulario. Pregunta por lo que cruza tu menú de verdad: si la salsa de la carne lleva lactosa, si el aliño del entrante lleva frutos secos, si el postre lleva huevo. Esos detalles concretos evitan más sustos que una lista genérica.
Incluye también a los niños de la mesa. Si un peque come sin lactosa, cocina necesita saber cuántos platos distintos va a preparar esa noche, no solo quién es alérgico. Y elige un solo canal para la respuesta: si la pregunta viaja por el grupo de WhatsApp, la respuesta se entierra entre «vale» y «vale», y quien no toma lactosa sigue en el mismo sitio que al principio.

Preguntar por alergias es decir «te he reservado un plato», no abrir un expediente.
Lo que cambia el jueves no se reimprime
Un invitado te escribe el jueves: su hija es intolerante a la lactosa. Con una invitación digital entras en el editor, ajustas el texto del menú y el enlace que ya enviaste sigue siendo el mismo. Nadie recibe un mensaje de rectificación ni hay que reimprimir sobres. Tus invitados abren la invitación en el navegador del móvil, sin descargar ninguna app. Escribe la nota de alergias en la escena de la cena y no en la portada: el invitado la lee justo cuando está pensando en lo que va a comer. Empieza por tu menú, escribe la pregunta con tus palabras y deja que la respuesta llegue sola.



