Bautizos y comuniones
Invitaciones de bautizo y aforo: cuántos caben
El aforo de la parroquia manda: aprende a contar sillas, a repartir las invitaciones por familia y a ver quién viene sin perseguir a nadie por WhatsApp.
Send The Joy · 7 de octubre de 2026 · 3 min de lectura

Faltan tres semanas para el bautizo de tu hija. Tienes la lista en una libreta: cuarenta y dos nombres. Llamas a la parroquia y te sueltan la cifra que lo cambia todo: en los bancos caben ciento veinte personas sentadas, niños incluidos. Vas bien. Pero con las invitaciones de bautizo, el aforo es lo primero que hay que cerrar: hasta que no tengas las dos cifras, la de la iglesia y la del banquete, no sabes a cuánta gente estás invitando de verdad.
La cuenta manda más que el diseño. Antes de mirar colores y tipografías, pon delante dos números: cuántas sillas hay y cuántas personas quieres sentar. Con esas dos cifras, el resto de decisiones se ordenan solas.
Cuenta el aforo de la iglesia antes de elegir el diseño
El aforo de una parroquia es fijo y no se negocia. Si el templo tiene 120 asientos y tu lista tiene 140 nombres, no hay margen: alguien se queda de pie o se queda fuera. Empieza por ahí, no por el color de la invitación. Y ojo con la trampa habitual: el aforo de la iglesia no es el del banquete. Las mesas de diez suelen ir cómodas, así que una cifra que cuadra en la parroquia puede descuadrar el restaurante.
- Cuenta asientos sentados, no personas de pie: un banco da para seis apretados y para cuatro con abrigos.
- Pide al restaurante cuántas mesas puede montar y de cuántas personas cada una. Casi nunca coincide con el aforo de la iglesia.
- Aclara en la parroquia si los niños cuentan para el aforo y si hay sitio para el carrito o para salir a media ceremonia.
- Apunta las dos cifras, iglesia y banquete, en la misma hoja. Si no cuadran, ya sabes dónde recortar antes de encargar nada.
Una invitación por familia, no por cabeza
Dos primos que viven juntos son un solo envío y dos personas en el aforo. Son dos listas distintas y conviene no mezclarlas: la de cabezas, para contar sillas; la de envíos, para avisar. Si haces una sola, o te sobran invitaciones o te faltan asientos.
Deja claro en la invitación quién va incluido. Un «venimos los cuatro» por respuesta evita que aparezca un acompañante de última hora que descuadre la cuenta. Y si el bebé va a estar en brazos, dilo: hay parroquias que lo cuentan para el aforo y otras que no.

El aforo no se negocia, pero se organiza: dos listas, un enlace y las confirmaciones en el mismo sitio.
El aforo cambia y la invitación cambia con él
Si la parroquia te confirma diez asientos menos, o si el bautizo pasa de las 12:00 a las 12:30, no hay que reimprimir ni reenviar sobres. Con una invitación digital corriges el texto y el mismo enlace muestra la versión nueva: quien lo abra ve la hora buena, sin que tengas que avisar uno a uno por WhatsApp.
Confirmar sin perseguir a nadie
Antes de encargar nada, llama a la parroquia y apunta el número de asientos sentados: todo lo demás se organiza alrededor de esa cifra. Si la lista crece por encima del aforo, reparte la ceremonia en dos turnos o envía el enlace solo a quien ya sabes que viene. Las confirmaciones llegan dentro de la misma invitación, en una lista ordenada, y decides tú la fecha límite. Si alguien quiere el papel para enmarcarlo, imprime dos o tres copias y deja que el enlace haga el trabajo con el resto.
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