Bodas
Invitación digital o vídeo de invitación: qué confirma
Un vídeo se ve una vez; una invitación digital recoge las confirmaciones en una lista ordenada. Comparamos coste, diseño y RSVP antes de que pagues
Send The Joy · 24 de octubre de 2026 · 3 min de lectura

Sábado por la tarde. Tienes cuarenta mensajes sin leer y, en medio del grupo de la familia, alguien ha mandado un vídeo de invitación de boda: el patio de la abuela, las miradas, la canción que sonaba en el coche. Precioso. Y justo debajo empieza el goteo: «nosotros vamos», «yo creo que sí», «¿los niños cuentan como dos?». Nadie sabe cuántos sois. Con una invitación digital eso no pasa: la montas y la envías hoy mismo desde el catálogo, con un enlace que cada invitado abre en su móvil.
La diferencia no es de estilo, es de función. Un vídeo cuenta el día; la invitación digital lo organiza. Y si lo que necesitas es saber quién viene a la cena del sábado, hay una de las dos que hace un trabajo que la otra no puede hacer.
El vídeo emociona; la invitación digital, responde
Un vídeo de invitación se ve una vez. Se reenvía por WhatsApp y acaba en la galería del móvil: bonito, pero no hay dónde pulsar «sí voy» ni decir con cuántos vienes. La invitación digital es una página web propia del evento, con escenas encadenadas —portada, ceremonia, cena, último baile— que se leen en el mismo enlace, sin instalar nada.
- El vídeo pide silencio y dos minutos; la invitación se consulta en el metro, en la cola del banco o mientras se decide el traje, y se puede volver a abrir el día antes.
- Los invitados no instalan ninguna app: abren el enlace en el navegador, desde el móvil, la tablet o el ordenador.
- Se comparte con un enlace, un QR o un mensaje. Sin papelería ni envíos físicos.
- Cada escena se personaliza con tus textos y hasta 6 fotos propias, con música y preguntas de RSVP configurables.
Cuánto cuesta una invitación digital frente a un vídeo
El vídeo suele encargarse aparte y llega como archivo cerrado: si cambias la hora de la ceremonia, hay que volver a montarlo y reenviarlo. La invitación digital cuesta 29,99 EUR por invitación, pago único y sin suscripción. Y se puede editar después de enviarla: el enlace sigue siendo el mismo, así que quien lo abra ve la versión actualizada. Cambiar el mapa, el código de vestimenta o la frase de la portada no obliga a reenviar nada.
Antes de pagar, la pruebas. En modo prueba editas la portada gratis; al comprar se desbloquean todas las escenas. El editor va en el navegador, sin instalar nada: un campo por dato, contador de caracteres y vista previa al momento. Ahí encajas tus fotos —se encuadran solas en el marco—, marcas cuál hace de portada y decides si la invitación va en español, en inglés o en cualquiera de los 7 idiomas disponibles.

El vídeo te lo guardas; la lista de quién viene la necesitas el jueves, no el día de la boda.
Confirmaciones: lo que un vídeo de invitación no recoge
Con el vídeo, las respuestas vuelven por WhatsApp mezcladas con audios, stickers y ese «cuenta con nosotros +2» que nadie sabe a quién incluye. En las invitaciones digitales, las confirmaciones llegan dentro de la misma invitación, en una lista ordenada, con las preguntas de RSVP que hayas configurado. Se acabó perseguir respuestas una por una.
Cuándo merece la pena combinar vídeo e invitación digital
Si quieres el vídeo como recuerdo, dale un sitio: el enlace para todos con la invitación digital y el clip reservado para el brindis o para los abuelos. Y si alguien pide papel, imprime unas pocas copias para quien las vaya a guardar y que el resto confirme desde el móvil. Lo que no funciona es mandar solo el vídeo y esperar respuestas: sin formulario, la lista se reconstruye a mano la semana antes.
Si quieres emoción, graba el vídeo. Si quieres saber quién viene a la cena, manda una invitación digital y deja que las confirmaciones se ordenen solas. Empieza probando la portada gratis y publica hoy tu invitación.



